jueves, 1 de diciembre de 2016



—  Tomás de Iriarte
    Tomás de Iriarte (1750-1791) estuvo determinada, de un modo muy especial, por la de su tío Juan de Iriarte (1702-1771). En efecto, fue éste quien, tras salir del Puerto de la Cruz, Tenerife, para ir a estudiar a París e instalarse después en Madrid, lograría abrir un camino que tres de sus sobrinos -Bernardo, Domingo y Tomás- sabrían seguir y aprovechar. La figura del tío, pues, requiere algún espacio. Juan de Iriarte abandonó su tierra natal para ir a París a estudiar en el famoso colegio de jesuitas "Louis le Grand". Aparte de dominar el francés y el inglés -con una visita a Londres-, ahí desarrollaría su afición por las letras antiguas y particularmente latinas, iniciándose a la composición poética en latín que no abandonará nunca a lo largo de su vida. A su regreso se aposenta en Madrid y, tal vez por sus contactos con los jesuitas, logra que el padre Clarke, jesuita también y confesor del rey, le nombre bibliotecario de la Real Biblioteca. En esa institución -creada en 1712 por Felipe V a instancias de Macanaz y el padre Robinet- se encuentran algunos de los más destacados intelectuales novatores e ilustrados de la capital: Juan de Ferreras, uno de los fundadores de la Real Academia, y Blas Antonio Nasarre entre otros. Juan de Iriarte se integra sin problemas a la vida de Madrid y pronto se encarga de la educación de los hijos de los duques de Alba y de Béjar. Como intelectual bien acogido en su medio, en el que se desenvuelve sin conflictos ni enfrentamientos, va tejiendo la red de amistades y contactos que consolidan su posición y alfombrarán el camino de sus sobrinos.
Los estudiosos han subrayado el encarnizamiento con que Forner censuró a los Iriarte; alguno ha llegado incluso a sugerir la existencia de una enfermedad psicológica -una psicosis por envidia patológica a los triunfadores-. François Lopez, sin embargo, rastreó con suma agudeza las razones familiares, intelectuales e ideológicas que motivaron el particular odio forneriano contra los Iriarte. Es importante, además, recordar que el espíritu polémico y las polémicas públicas -en las que, pese a participar en ocasiones varios individuos, siempre suele destacar por su tenacidad alguno de ellos- surgen vigorosamente en España durante el tiempo de los novatores (hacia 1675), época en la que diferentes asuntos de orden científico, historiográfico, lingüístico o filosófico -por no incluir los enfrentamientos ideológicos asociados a fines de siglo y comienzo del siguiente al cambio de dinastía y la guerra de Sucesión- desencadenan debates apasionados, con multitud de publicaciones de mayor o menor extensión que tienden a configurar la existencia de dos campos habitualmente bien demarcados. Juan de Iriarte, en su colaboración con el Diario de los Literatos, participaría, como se ha visto, en varias polémicas que le enfrentaron a Segura, Mañer o Luzán. Por tanto, la actitud de Forner hay que situarla en un contexto en el que la publicación de folletos o voluminosos libros para rebatir, matizar o atacar lo dicho o hecho por alguien forma parte esencial de la vida intelectual de la época. Y ese contexto se explica, a su vez, por dos factores concomitantes: por un lado, el reforzamiento de la conciencia sobre el poder crítico individual -amparado por el uso libre de la razón y la capacidad de observación y experimentación-; por el otro, el desarrollo de las publicaciones periódicas y la cada vez mayor accesibilidad a los medios materiales de edición y publicación. De todos modos, su insaciable agresividad hacia los Iriarte -que el propio Forner no satisfaría nunca plenamente- funcionaría hasta el final como una amenaza latente a la salud física y espiritual de Tomás. El día 17 de septiembre de 1791, en Madrid, desaparecía tempranamente de entre los vivos Tomás de Iriarte. Antes de cumplir los cuarenta y un años, soltero como su tío, se extinguía uno de los ilustrados y neoclásicos más brillantes y representativos de la época.


Tomas de Iriarte tuvo suerte con sus obras teatrales, pero en cuestión de salud no le fue tan bien, siendo víctima de una enfermedad conocida como la gota, la cual le priva de las cosas que más disfrutaba hacer, como acudir al teatro y a las tertulias literarias, visitar a sus amigos de sociedad, con los cuales mantenía comunicación por medio de cartas, y con los cuales hablaban del sufrimiento de su enfermedad, con algunos de los más cercanos mantuvo conexión hasta los últimos días de su vida. En esas cartas describe el tiempo que pasa escribiendo sus obras y como los plazos de estabilidad en su salud, le permitían escribir.

—  Nicolás Fernández de Moratín

—  Félix María Serafín Sánchez de Samaniego Zabala
Gaspar Melchor de Jovellanos


José Iglesias de la Casa

    Nace en Salamanca el 31 de octubre de 1748 y murió el mismo lugar el 26 de agosto de 1791. Esta clasificado como sacerdote y poeta español neoclasicista. De noble linaje, estudió humanidades en la Universidad de Salamanca y recibió de sus compañeros el mote poético de Arcadio. También cultivó la música y la pintura; es muy probable que hasta sus treinta y cinco años en que se ordenó de sacerdote, viviera de su trabajo como artífice de platero, profesión de su padre. En 1784 se ordenó sacerdote en Madrid. En su madurez se dedicó más al género bucólico, de acuerdo con su estado eclesiástico.

Sus obras más destacadas son:

  • La niñez laureada (1785)
  • La Teología (1790)
  • Una elegía, El llanto de Zaragoza.
  • La lira de Medellín.

Benito Jerónimo Feijoo

Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro (Casdemiro, 1676 - Oviedo, 1764), fue un erudito español. Fue uno de los espíritus más universales de su tiempo, exponente del racionalismo ilustrado. Considerado el primer ensayista hispánico contemporáneo, su obra fue difundida y suscitó vivas controversias, en las que participaron numerosos científicos y hombres de letras. Si bien no fue un pensador profundo ni un investigador en sentido riguroso, su tarea vulgarizadora contribuyó notablemente a elevar el nivel cultural de la época. Llegó a ser conocido en toda Europa. Literalmente, fue un defensor del teatro clásico español contra el neoclasicismo y un teórico del prerromanticismo. Sus escritos, que tratan de los temas más dispares y recogen y comentan toda novedad científica y técnica, motivaron críticas y defensas que conmovieron el mundo cultural español. Abrió las puertas al pensamiento ilustrado en España gracias a su espíritu crítico y racionalista.
Su obra consta de:
  • Teatro crítico universal (118/117 discursos publicados en nueve volúmenes entre 1726 y 1740.
  • Cartas eruditas y curiosas (163 cartas publicadas en cinco volúmenes entre 1742 y 1760)
  • Apología del escepticismo médico, 1725.
  • Satisfacción al Escrupuloso, 1727.
  • Respuesta al discurso fisiológico-médico, 1727.
  • Ilustración apologética, 1729.
  • Suplemento de el Teatro Crítico, 1740.
  • Justa repulsa de inicuas acusaciones, 1749.
  • Adiciones, [1783].




Voltaire


François Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire, fue un escritor y filósofo francés. Nació el 21 de noviembre de 1694 en París. Representante de la Ilustración francesa, difusor de ideas liberales, llevó una vida agitada como intelectual perseguido. Enemigo de los Jesuitas, de la superstición y de la hipocresía religiosa. Interviene en distintos casos judiciales, defendiendo la tolerancia y la libertad a todo dogmatismo y fanatismo.


Voltaire, fiel exponente de las inquietudes y de la mentalidad de su siglo nos ha dejado una vasta obra. En ella ataca el régimen político, fuente de abusos y de injusticias, a las religiones, fuente de fanatismo y a la metafísica, que hace que el hombre se sienta desdichado al no comprender una existencia que le desborda.